Desde que Mariana había regresado al juzgado, seguía sosteniendo que el empujón había sido un movimiento malinterpretado, una reacción de segundos, algo que todos estaban exagerando por el embarazo.
Andrés permanecía cerca de la puerta con la carpeta azul que Renata le había confiado días antes.
Ya no estaba empapada.
Había separado cada hoja, protegido las más dañadas y guardado las copias sin modificar una sola página.
También llevaba otra cosa que todavía no había entregado.
El video exterior.
Mariana lo miró.
—Adrián, ¿usted sabía algo de esto?
Andrés tragó saliva.
Era el momento que había estado evitando desde aquella tarde de lluvia.
—No.
Renata entrecerró los ojos.
—Pero tampoco se llama Adrián, ¿verdad?
El silencio de Andrés bastó.
Mariana giró hacia él.
—¿Cómo se llama?
—Andrés Robles.
Diego levantó la cabeza de golpe.
Ahora sí lo reconoció.
—¿Robles?
Andrés no apartó la vista de Mariana.
—Andrés Robles Castañeda.
La expresión de Diego cambió porque ese apellido sí formaba parte de un problema que entendía perfectamente.
El grupo de Andrés negociaba la compra de varios terrenos embargados vinculados con la familia Arenas.
No era un empleado de mantenimiento.
No había estado en el juzgado arreglando instalaciones.
Y mucho menos era un desconocido sin intereses alrededor de Diego.
Mariana respiró hondo.
Después de todo lo ocurrido, otra mentira era lo último que necesitaba.
—¿Por qué me mintió?
—Porque cuando usted estaba en el piso, lo último que necesitaba era escuchar que el hombre que la estaba ayudando tenía negocios pendientes con la familia de su esposo.
—Eso no responde por qué siguió mintiendo después.
Andrés bajó la mirada.
—Porque me dio vergüenza admitir que había empezado mal.
Renata lo señaló con un dedo pequeño.
—Eso sí suena más verdadero.
Mariana no sonrió.
No estaba lista para convertir la confesión en una escena amable.
—¿Y qué más no me ha dicho?
Andrés sacó su teléfono.
—Tengo el video de la entrada.
Paulina reaccionó antes que Diego.
—¿Qué video?
Andrés no respondió a ella.
Le mostró la pantalla a Mariana, sin reproducir nada todavía.
—Una cámara exterior siguió funcionando durante el momento de la caída. Conseguí una copia para evitar que desapareciera mientras todos repetían que había sido un accidente.