—Supongo que sí.
—¿Puede llamarla?
Mariana miró el acta.
Por primera vez entendió que el verdadero problema no era únicamente el nombre escrito en una anotación.
Era todo lo que su madre había decidido no contar.
Tomó el teléfono y llamó a Teresa.
Su madre contestó al segundo tono.
—¿Cómo estás? ¿Y el bebé?
—Estamos bien.
Teresa soltó el aire.
—Gracias a Dios.
Mariana cerró los ojos un momento.
—Mamá, estoy en el juzgado.
Al otro lado hubo una pausa.
—¿Otra vez?
—Sí.
Mariana miró al juez.
—Hay alguien aquí que dice conocerte.
Teresa no preguntó quién.
Eso fue lo que le confirmó a Mariana que la conversación ya había cambiado.
—Mamá.
—No hagas esto ahí.
—¿Hacer qué?
Teresa respiró con dificultad.
—Mariana, regresa a casa y hablamos.
—El juez que estaba viendo mi expediente leyó mi acta de nacimiento.
Nada.
—Mamá, me preguntó si tú eres Teresa Elena Leyva.
La voz de Teresa salió casi en un susurro.
—Sí.
Mariana sintió que Renata le apretaba la mano.
—Dice que es mi padre.
Teresa lloró.
No negó nada.
Mariana sintió enojo antes que alivio.
—Treinta y dos años, mamá.
—Yo quería protegerte.
—¿De qué?
—De una promesa que él no pudo cumplir y de una familia que no quería saber de mí.
El juez levantó la vista al escuchar la voz filtrarse por el teléfono.
Mariana no puso el altavoz.
Aquello seguía siendo una conversación con su madre, no un interrogatorio público.
—¿Él sabía de mí?
Teresa tardó.
—Sabía que estaba embarazada.
El juez se sentó despacio.
Mariana continuó.
—¿Sabía que nací?
—No.
Aquella respuesta cambió el aire de la sala.
Hasta entonces, Mariana había pensado en un hombre que quizá la había abandonado.
Ahora aparecía otra posibilidad.
No era automáticamente mejor.
Solo era distinta.
Teresa explicó sin adornos que, cuando era joven, había tenido una relación con el hombre que ahora estaba sentado frente a Mariana.
Él todavía no tenía la posición que ocupaba en ese momento, pero su entorno familiar había rechazado la relación y presionado para que ambos se alejaran.
Teresa había descubierto el embarazo cuando la relación ya estaba rota.
Le avisó.
Él le pidió tiempo para arreglar las cosas.
Después hubo una última discusión entre las familias y Teresa se marchó.