Pero si Lucero había regresado después de que Severiano ya conociera el corte, entonces su cuñado había respaldado públicamente la teoría del accidente sabiendo que existía una pieza que la contradecía.
Eso no probaba que él hubiera causado la muerte.
Sí probaba otra cosa.
Había ayudado a enterrar la duda.
A la mañana siguiente Jacinta tomó la decisión que cambió el curso del conflicto.
No entregaría la cincha a Severiano.
Tampoco seguiría escondiéndola como si fuera un secreto personal.
Llevaría el fragmento al proceso de herencia y exigiría que quedara asentado junto con el testimonio de Tomás sobre dónde lo encontró.
Gabriel quiso acompañarla.
—Puedes venir —dijo ella—, pero hablo yo.
Él sonrió apenas.
—Nunca pensé otra cosa.
Antes de salir, Tomás hizo una pregunta.
—¿Y si Severiano logra que no le crean?