Yo estaba agotada, dolorida y apenas podía mantener los ojos abiertos.
Le pregunté qué documentos eran.
Me respondió que no me preocupara, que eran simples formalidades.
Pero ahora comprendía que aquella carpeta podía contener algo mucho más peligroso.
—¿Qué pusiste delante de mí ese día, Ricardo?
—No recuerdo.
—¡Mírame y contéstame!
—¡He dicho que no recuerdo!
Valentina empezó a llorar.
La abracé con cuidado y respiré profundamente para no perder el control.
No iba a permitir que mi hija creciera viendo cómo su madre era intimidada dentro de su propia casa.
—Licenciada —dije—, quiero que sepa algo. No voy a firmar nada y no voy a entregar las llaves de esta propiedad.
—Bien. Guarda cualquier mensaje, documento o comprobante relacionado con la operación. No discutas más detalles con él hasta que podamos revisar todo con calma. Si temes por tu seguridad, busca un lugar seguro y pide ayuda.