Cuando Wade volvió con el tubo hueco entre las manos, Cora ya estaba junto al primer novillo, con el cuchillo preparado y la mirada fija en el animal que apenas conseguía respirar.
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—Sujétalo aquí —ordenó ella.
Wade obedeció.
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No sabía qué esperaba encontrar cuando aquella mujer bajó del tren unas horas antes. Había pedido una esposa porque Broken Spur se estaba viniendo abajo y porque, después de meses intentando sostener solo el rancho, había empezado a aceptar que quizá necesitaba a alguien a su lado.
Pero no había imaginado esto.
Cora no había llegado con miedo.
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Había llegado sabiendo qué hacer.
El novillo se agitó una vez y Wade apretó los dientes.
—Tranquilo —murmuró Cora—. No lo sueltes.
Ella trabajó con rapidez y precisión, sin desperdiciar movimientos.
Pasaron unos minutos antes de que el animal pudiera respirar con menos dificultad.