Wade sintió que el aire volvía a entrar en sus propios pulmones.
—¿Dónde aprendiste eso?
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Cora ni siquiera levantó la cabeza.
—Te dije que trabajé quince años en los corrales de ganado de Chicago. Nunca dije qué hacía allí.
Aquella respuesta dejó a Wade con más preguntas que antes.
Pero todavía quedaban cinco reses.
Cora pasó a la siguiente.
Después a la tercera.
Wade dejó de pensar en las cartas del banco, en el techo del granero y en los nueve dólares con cuarenta centavos que tenía después de pagar el boleto de ella.
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Por primera vez en meses, Broken Spur no parecía una cuenta regresiva.
Había seis animales frente a él.
Y Cora estaba intentando salvarlos.
El segundo animal reaccionó mejor de lo que Wade esperaba.
El tercero también.
Cora no celebraba nada.
Cada vez que terminaba con una res, comprobaba su respiración y pasaba a la siguiente.
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