Wade sintió que el alivio de unos segundos antes desaparecía.
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—Las otras están bien.
—Por ahora.
Cora se puso de pie.
Wade miró hacia el resto del ganado.
Cincuenta y nueve reses.
Eso era todo lo que le quedaba de las ochenta y tres que tenía tres meses atrás.
No podía perder más.
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Cora tomó aire y señaló hacia el extremo del potrero.
—Hay que sacarlas de aquí.
—¿Todas?
—Las que puedas mover primero. No esperes a que empiecen a caer.
Wade dudó.
No porque no creyera en ella.
Sino porque cada decisión en Broken Spur tenía un precio.
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Mover el ganado significaba trabajo, tiempo y más riesgo para los animales que ya estaban débiles.
Dejarlos allí podía significar perder muchos más.
Cora lo miró.
—Wade, decide.
Él miró el potrero.
Después miró las seis reses que ella acababa de ayudar a mantener con vida.