—Sí.
Pausa.
—Pero sólo si ellos quieren.
—Bien.
Por primera vez la palabra “familia” no estaba siendo usada como argumento.
Sólo como posibilidad.
Las cuentas mostraron algo doloroso, pero no catastrófico.
Rodney había mandado dinero a Judith durante años.
Algunas cantidades eran manutención.
Otras ayuda.
Después regalos para Maya.
No había vaciado nuestros ahorros.
No había una segunda casa secreta.
La traición financiera no era un imperio oculto.
Era más ordinaria.
Cientos aquí.
Mil allá.
Cumpleaños.
Emergencias.
Universidad.
La bicicleta.
Dinero que quizá yo habría aceptado dar si hubiera sabido.
Eso fue lo que más me enfureció.
—Yo no habría dejado a un niño sin ayuda —le dije cuando volvimos a hablar.
Rodney bajó la cabeza.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué esconderlo?
—Porque para ayudarte a Daniel tenía que decirte quién era.