La noche cayó sobre la ciudad de Puebla con un manto oscuro y silencioso.

Y de alguna manera, a lo largo de los años, mi familia había reescrito la historia hasta convencerse de su propia mentira.

Para entender la magnitud del descaro con el que mi madre me expulsó de aquellas cuatro paredes, es necesario retroceder once años en el tiempo, hasta el sofocante verano de 2015.

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