La Piedra Que Explicaba Por Qué El Canal De Altagracia Seguía Llevando Agua-lbsuong

—Yo puedo llevar el registro —dijo.

Altagracia lo miró.

Era el mismo joven que había llegado meses antes para advertirle que sus peces podían contaminar el agua.

Ahora estaba ofreciendo registrar los datos.

Ella no sonrió para celebrar el cambio.

Solo respondió:

—Entonces escribe también cuando baje.

Wenceslao asintió.

—También.

Deodoro permaneció callado.

Después preguntó algo que nadie esperaba.

—¿Y los peces?

Altagracia miró hacia la zanja.

Las tilapias seguían moviéndose entre las piedras.

Habían costado cuatrocientas decisiones pequeñas y una apuesta enorme.

Dos guajolotas.

El viejo reloj de Refugio.

Meses de burlas.

Y el riesgo de perder lo poco que le quedaba.

Pero ahora sabía algo que no sabía cuando soltó el primer pez.

Los peces no eran la solución completa.

Eran una parte de una decisión mucho mayor: mantener vivo y observable un tramo que todos habían dejado de cuidar.

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