—¿Entraron alguna vez?
—Una vez.
—¿Cómo?
—La puerta estaba abierta.
Lucía bajó la voz.
—Renata vio los regalos y quiso agarrar uno. Mamá Vanessa se enojó mucho. Después puso otra llave.
Vanessa soltó una risa seca.
—¿Ahora vas a tomar como verdad absoluta lo que diga una niña de cinco años?
Alejandro no respondió a la provocación.
Miró a su hija.
—¿Quieres volver con tus hermanas?
Lucía asintió.
Él la cargó y la llevó hasta el comedor.
Cuando regresó, Vanessa seguía esperando una pelea.
Alejandro no se la dio.
Tomó el sobre negro.
Sacó la tarjeta de acceso con el nombre de Adrián Vélez.
—Diecisiete entradas después de medianoche.
Vanessa respiró por la nariz.
—Ya te dije que no sabes lo que ocurre aquí cuando estás de viaje.
—Precisamente por eso quiero que me lo expliques.
Ella guardó silencio.