Ya no había música, risas ni copas levantadas.
Solo quedaban las consecuencias de algo que había funcionado mientras cada persona conocía únicamente una parte.
Alejandro no necesitó que Adrián pronunciara una acusación espectacular.
El sobre negro ya mostraba movimientos de dinero, facturas y accesos.
El cuarto cerrado mostraba dónde habían terminado muchas de las cosas que debían estar usando sus hijas.
Y las niñas habían explicado lo demás sin saber siquiera que estaban explicándolo.
Vanessa cambió de estrategia.
—Perfecto —dijo—. ¿Quieres hablar de dinero? Hablemos de dinero. Mientras tú viajabas, yo mantenía esta casa funcionando.
Alejandro señaló el corredor.
—Mis hijas estaban comiendo pan con moho.
—Porque son caprichosas.
—Tenían los pies azules por el frío.
—Exageras todo porque te sientes culpable.
Aquella frase sí encontró el lugar exacto donde hacer daño.