Mire donde mire, había fotos enmarcadas de Diane sosteniendo a Levi cuando era un bebé.
En una de las fotos aparecía
en una cama de hospital con el recién nacido Levi.
Otra foto la mostraba celebrando su primer cumpleaños.
Había fotos de su infancia, de sus años escolares y de las vacaciones familiares.
Detrás de la mesa de postres colgaba una pancarta enorme.
LA PEQUEÑA BENDICIÓN DE LA ABUELA.
Me quedé allí mirándolo fijamente.
Mi primera reacción no fue de enfado.
Fue tristeza.
Mi madre jamás tendría fotografías como esas con mi hijo.
Ella no estaría presente en su primera Navidad ni en su primer cumpleaños.
Ella jamás llegaría a oírle llamarla abuela.
Diane iba a experimentar todas esas cosas maravillosas.
Y yo quería hacerle espacio a esa felicidad.
Así que cuando se apresuró a acercarse a nosotros, radiante de emoción, me obligué a sonreír.