La Viuda Que Salvó a Sewerá Descubrió Quién Quería Quitarle Su Casa-lbsuong

—La gente también compra harina. Y tú se la vendes.

Evaristo apretó los labios.

—No puedes vivir peleada con todos.

Mercedes apoyó una mano sobre la escalera.

—No estoy peleada con todos.

—Te quedarás sola.

Ahí estaba otra vez aquella palabra.

Antes habría entrado como una aguja.

Ya no.

Mercedes miró la casa.

Recordó la mano saliendo de la nieve.

Recordó a Sewerá temblando junto a la estufa.

Recordó más de 20 jinetes en la loma y a Yáwari entregándole la cuerda de una yegua porque su hermano seguía respirando.

Recordó también el día en que Julián había muerto y lo enorme que parecía cada cuarto sin él.

La soledad seguía existiendo.

Pero ya no era un arma que Evaristo pudiera usar.

—Tal vez —dijo Mercedes—. Pero seguiré aquí.

Evaristo entendió que no habría venta.

No ese día.

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