Probablemente nunca.
Miró el terreno una última vez y se marchó sin dejar otra oferta.
Mercedes no celebró.
No tenía sentido hacerlo.
La cerca seguía necesitando reparación.
Había que alimentar a la vaca.
Nube había descubierto una forma de empujar con el hocico la puerta del cobertizo si Mercedes olvidaba asegurarla bien.
La vida no se convirtió de pronto en algo fácil.
Solo volvió a pertenecerle.
Meses después, durante la primera nevada del siguiente invierno, Mercedes encontró algo junto al mismo camino donde había visto aquella mano surgir de la nieve.
No era un cuerpo.
Era una huella de caballo.
Luego otra.
Levantó la vista.
Sewerá venía montando despacio, con Yáwari unos metros detrás.
Nube levantó la cabeza desde el corral.
Mercedes abrió la cerca antes de que llegaran.
Sewerá desmontó y miró el lugar donde casi había muerto un año antes.