Andrés cubrió el teléfono.
Yo cerré los ojos.
Durante 20 años había encontrado explicaciones para él.
Cuando olvidó mi cumpleaños, estaba trabajando.
Cuando no llegó a nuestro aniversario, estaba trabajando.
Cuando perdimos a nuestro bebé y yo pasé la noche llorando en un hospital, él atendía llamadas porque estaba trabajando.
La persona que se quedó conmigo aquella noche fue Elena, su madre.
Ella fue también quien me llevaba comida cuando yo trabajaba turnos dobles en una farmacia.
La que nunca olvidaba mi cumpleaños.
La que, después de nuestra pérdida, guardó silencio y sostuvo mi mano porque entendía que algunas heridas no necesitan consejos.
Por eso, cuando su artritis empeoró y su memoria comenzó a fallar, fui yo quien organizó sus medicamentos, sus citas y sus comidas.
Andrés siempre prometía visitarla más.
“Después de este viaje.”
“El próximo fin de semana.”