“Cuando cierre este negocio.”
Y entonces llegó la noche en que ya no quedaban próximos fines de semana.
Elena comenzó a respirar con dificultad después de cenar. La llevé de inmediato a un hospital privado de Guadalajara.
Los médicos hicieron todo lo posible.
Yo marqué a Andrés.
10 veces.
“Por favor, contesta. Tu mamá te necesita.”
Nada.
Cerca de la medianoche, Elena apretó mi mano.
Abrí los ojos sorprendida.
“¿Mamá?”
La llamaba así desde hacía años.
Sus párpados se levantaron. Durante unos segundos su mirada estuvo extrañamente clara.
Intentó hablar, pero la mascarilla de oxígeno apenas le permitía respirar.
Entonces llevó una mano temblorosa hacia el cuello de su bata.
Sacó algo.
Lo depositó en mi palma.
Era una pequeña llave de plata, vieja y desgastada, atravesada por una cinta azul.
“¿Qué abre esto?”
Elena cerró mis dedos alrededor de la llave.