Giró perfectamente.
Dentro había fotografías, dos sobres, una pequeña bolsa de terciopelo y un objeto envuelto en papel.
Abrí el paquete.
Y dejé de respirar.
Era una jirafa de peluche.
La misma que Andrés había comprado 18 años atrás cuando esperábamos a nuestro primer hijo.
Después de perder al bebé, guardé todo aquello en cajas.
Con el tiempo creí que la jirafa se había perdido durante una mudanza.
Pero Elena la había conservado.
Durante 18 años.
Me senté en el suelo abrazándola.
Fue entonces cuando vi uno de los sobres.
En el frente, con la letra de Elena, había una sola palabra:
VALERIA.
Lo abrí.
La carta estaba fechada 4 años atrás.
Leí las primeras líneas entre lágrimas.
“Mi querida Vale:
Si estás leyendo esto, probablemente ya no estaré para recordarte que comas bien y que dejes de resolverle la vida a todo el mundo.”