Llamé a la policía cuando vi a una niña desconocida parada en mi jardín a las 3 de la madrugada. Lo que me dijo el operador me dejó completamente paralizada

También hablé con algunos vecinos.

No para asustarlos.

Sino para compartir lo que había ocurrido.

Muchos se sorprendieron.

Otros contaron experiencias en las que desconocidos habían llamado a sus puertas durante la noche.

Comprendimos que una comunidad puede cuidarse mejor cuando sus integrantes se comunican y actúan con responsabilidad.

Pero había algo que me parecía todavía más importante.

No quería que aquella experiencia me convirtiera en una persona desconfiada de todo el mundo.

Ni que dejara de sentir compasión por quienes necesitaban ayuda.

Quería aprender a ayudar de una manera segura.
La niña del vestido amarillo

A veces todavía recuerdo su rostro.

Sus dos trenzas.

El pequeño oso de peluche.

Y la manera en que permanecía inmóvil junto al limonero.

Durante los primeros días, aquella imagen me producía miedo.

Después comenzó a provocarme tristeza.

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