Llegó a una cita a ciegas con su bebé en brazos, y todos esperaban que aquel hombre se marchara...

Llegó a una cita a ciegas con su bebé de siete meses. Todos esperaban que aquel empresario se levantara y se fuera.

Cuando la vi entrar en la cafetería con una bebé en brazos, entendí de inmediato que aquella tarde no iba a salir como había imaginado.

Yo tenía 57 años.

Ella parecía poco mayor de treinta.

Y la niña que cargaba sobre el pecho no dejaba de mirar todo con unos ojos enormes y curiosos.

La mujer recorrió el lugar con nerviosismo hasta encontrarme junto a una ventana.

Se acercó despacio.

—¿Ricardo Salgado?

Me levanté.

—Sí. Tú debes ser Daniela.

Ella asintió, ajustando a la pequeña sobre su brazo.

—Lo siento muchísimo. Sé que esto es muy incómodo. La persona que iba a cuidar a Sofía canceló hace una hora. Intenté avisarte, pero Elena me dijo que ya habías salido.

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