Carmen trasladó prácticamente media casa alrededor del sofá de Isabel.
La madre de Isabel, Rosa, empezó a visitarles cada 2 días con recipientes de comida.
Las 2 futuras abuelas desarrollaron inmediatamente una rivalidad absurda.
—Ha comido lentejas —anunciaba Carmen.
—Pero las mías llevan más verduras —contestaba Rosa.
—No estamos compitiendo.
—Claro que no.
Y al día siguiente Rosa aparecía con una olla todavía mayor.
Isabel observaba aquellas discusiones sabiendo que, durante años, había pensado que jamás tendría algo parecido.
Precisamente por eso el miedo continuaba acompañándola.
A las 32 semanas, una noche después de cenar, sintió que el abdomen se endurecía.
Miró el reloj.
10 minutos después volvió a ocurrir.
Después fueron 8.
Después 6.
Alejandro se levantó de golpe.
—Voy a llamar al hospital.
—Espera.
Entonces Isabel sintió algo diferente.
Carmen apareció desde la cocina, le miró la cara y fue directamente a buscar la bolsa que llevaba semanas preparada.