—Alejandro, el coche.
Él salió corriendo.
Regresó 15 segundos después.
—Las llaves.
Carmen señaló el mueble del recibidor.
—Delante de tu nariz.
Incluso Isabel terminó riéndose.
20 minutos después estaban en urgencias.
Había comenzado un parto prematuro.
El equipo médico intentó frenar las contracciones mientras controlaba continuamente a los 2 bebés.
Alejandro pasó aquella noche sentado junto a la cama.
Cada vez que un monitor emitía un sonido diferente levantaba la cabeza.
Finalmente una enfermera se rio.
—Señor Vega, deje de vigilar la máquina. Su cara cambia antes que los números.
Isabel también sonrió.
—¿Te duele? —preguntó él inmediatamente.
—Sí.
Alejandro palideció.
—¿Dónde?
—En la cabeza, de escucharte preguntar cada 30 segundos.
Por primera vez aquella noche, él se echó a reír.
Durante 3 días consiguieron estabilizar la situación.
En el cuarto, las contracciones regresaron con mayor intensidad.
Uno de los bebés comenzó a presentar alteraciones en el ritmo cardíaco.