Isabel la miró.
—¿Y ahora?
Carmen observó las 2 incubadoras.
—Cuando te llevaron al quirófano habría entregado cualquier cosa simplemente por saber que los 3 volveríais a casa.
No necesitó decir nada más.
Semanas después, los gemelos recibieron finalmente el alta.
La casa silenciosa de Alejandro dejó de existir.
Había biberones en la cocina, mantas sobre los sofás, pañales donde antes descansaban informes empresariales y 2 cunas ocupando una habitación que durante años había permanecido vacía.
Un año después de aquella primera ecografía, Isabel encontró a Alejandro sentado en el suelo del recibidor intentando ponerle un zapatito a uno de los niños.
A sus pies seguían estando aquellas viejas zapatillas de casa que se negaba a tirar.
—¿Todavía las conservas?
Alejandro miró hacia abajo.
—Todavía sirven.
Isabel dejó junto a ellas los diminutos zapatos de los gemelos.