Desde el salón, Carmen soltó una carcajada.
Alejandro, antes de seguir a su mujer, se agachó para ordenar junto a la puerta 3 pares de zapatos: los suyos y los 2 diminutos pares de sus hijos.
Durante años aquella entrada había estado demasiado vacía.
Ahora apenas quedaba espacio.
Y por primera vez, a nadie en aquella casa le molestaba el desorden.