El especialista fue claro.
Ninguno de los 2 era estéril en sentido absoluto.
Ambos tenían una fertilidad muy reducida.
Improbable no significaba imposible.
—Entonces… ¿estos niños son nuestros? —preguntó Alejandro.
El médico casi se echó a reír.
—Todo indica que sí. La medicina trabaja con probabilidades, no con profecías.
Durante unos días, la casa se llenó de una felicidad torpe. Carmen cocinaba 5 platos porque Isabel rechazaba 4. Alejandro compraba vitaminas que el médico no había pedido y después tenía que devolverlas.
Hasta que Beatriz apareció en Madrid.
Había venido por trabajo y Carmen la invitó a tomar café.
Isabel esperaba tensión.
Encontró a una mujer tranquila que, al enterarse del embarazo, sonrió sinceramente.
—Me alegro mucho por vosotros.
Antes de marcharse, Beatriz pidió hablar a solas con Isabel.
—Alejandro tiene un defecto peligroso —le dijo—. Cuando algo le asusta, lo esconde creyendo que así protege a los demás.