Quería esperar unas semanas antes de contarlo.
Nunca llegó a hacerlo.
Alejandro estaba en Londres por negocios cuando Beatriz comenzó a sentirse mal. El embarazo se interrumpió de forma natural en una fase muy temprana.
—Te llamé aquella noche —recordó ella.
Alejandro levantó los ojos.
—Me dijiste que tenías fiebre.
—No sabía cómo decirte lo demás.
Él tragó saliva.
—Era también mi hijo.
—Lo sé.
No hubo gritos.
Precisamente por eso dolió más.
Beatriz explicó que después de aquella pérdida regresó a una casa donde Carmen seguía hablando de tratamientos, vitaminas y nietos porque desconocía lo ocurrido. Alejandro volvió de Londres y se encerró nuevamente en el trabajo.
Beatriz intentó hablar varias veces.
Nunca encontró el momento.
Hasta que dejó de buscarlo.
—Cuando pedí el divorcio, ya no estaba huyendo porque no pudiéramos tener hijos —dijo—. Me fui porque me sentía sola dentro de mi propio matrimonio.