Alejandro bajó la cabeza.
Aquella frase terminó de explicar algo que ningún diagnóstico había conseguido explicar en 11 años.
Poco después se escuchó abrirse la puerta.
Carmen regresó de hacer la compra.
Al entrar en el salón y ver a Beatriz con los ojos húmedos, se detuvo.
—¿Qué ocurre?
Nadie respondió.
Carmen miró primero a Alejandro, después a Isabel y finalmente a Beatriz.
La expresión de la mujer cambió.
—Había algo más, ¿verdad?
Beatriz se levantó.
—Carmen…
—Estuviste embarazada.
No fue una pregunta.
El silencio respondió por ella.
Carmen se sentó lentamente.
—¿Cuándo?
—Antes del divorcio.
—¿Y lo perdiste?
Beatriz asintió.
Las manos de Carmen empezaron a temblar.
Durante años había vivido arrepentida por haber culpado injustamente a su nuera de no darle nietos. Ahora descubría que había seguido hablándole de embarazos mientras aquella mujer acababa de perder uno.