Lucía soltó el aire que parecía llevar semanas guardando.
—¿Entonces ya está?
—Es una buena noticia —dijo la doctora—, pero tendrás revisiones. Y si vuelves a notar molestias, lo dices. No esperamos por vergüenza ni por miedo a molestar.
Claudia sonrió por primera vez sin sentir culpa.
Al salir compraron 2 napolitanas y se sentaron al sol. A mitad de la merienda, Lucía preguntó:
—Si era benigno, ¿papá tenía razón en que no era para tanto?
Claudia dejó el vaso de café.
—No. Que el resultado sea bueno no convierte en correcto haber ignorado lo que sentías. Tú necesitabas atención aunque al final hubiera sido algo mucho más pequeño.
Lucía asintió.
Aquella pregunta convenció a Claudia de algo que ya llevaba semanas evitando.
No quería que su hija creciera en una casa donde cada decisión importante dependiera del humor de una sola persona.