Horas más tarde, el cirujano salió. Habían retirado el quiste y logrado conservar el ovario. Faltaba analizar el tejido, pero Lucía estaba estable.
Claudia apenas había conseguido respirar cuando Raúl apareció en el pasillo.
No preguntó primero cómo estaba su hija.
—¿Quién ha autorizado todo esto? ¿Has pensado cuánto nos va a costar?
Claudia lo miró sin reconocer al hombre con el que llevaba 17 años compartiendo casa.
Raúl añadió que Lucía siempre había sido demasiado sensible y que “no aguantaba nada”.
Entonces Claudia sacó de una carpeta la copia de la consulta anterior y señaló su firma.
—Tú sabías que debía volver en 48-72 horas.
Raúl palideció.
—No sabía que fuera tan serio.
—Yo tampoco —respondió Claudia—. Porque tú decidiste que no debía saberlo.
Raúl intentó defenderse, pero Claudia hizo una última pregunta: