—Así que Sloane prefirió dejarlos morir.
—No sé qué decidió personalmente Sloane.
Aquella precisión me hizo confiar más en ella.
No estaba inventando.
Separaba lo que sabía de lo
que sospechaba.
La puerta se abrió.
Franklin entró.
Miró a Elena.
Después el informe.
Su rostro cambió.
—¿Dónde consiguió esto?
—¿Lo reconoces? —pregunté.
No respondió inmediatamente.
—Franklin.
—Reconozco algunos marcadores.
—¿Puede salvarlos?
Tomó los documentos.
Leyó durante casi cinco minutos.
Nadie habló.
Finalmente levantó la vista.
—Si esto es auténtico, existe una posibilidad.
Sentí que el corazón golpeaba mi pecho.
—¿Cuánta?
—No puedo darte un porcentaje.
—Entonces dame algo.
—Lawson, los niños están extremadamente débiles. Incluso si conseguimos la terapia, podría matarlos.
—Ya me dijiste que tienen diez días.