Había empezado a ver a una psicóloga llamada Marta León porque Nerea, cansada de verla trabajar catorce horas diarias, amenazó con incluir terapia como gasto de empresa.
—No puedes hacer eso.
—Entonces ve voluntariamente.
Marta preguntó por qué Lucía redujo tanto su presencia profesional durante la enfermedad de su madre.
—Alguien tenía que cuidarla.
—¿Solo usted?
Lucía explicó que era hija única.
No tenía hermanos.
La madre rechazaba cuidadores externos durante las primeras semanas.
Javier ofreció hacerse cargo del negocio.
Parecía lógico.
Marta preguntó:
—¿Hubo alguna conversación formal sobre cuánto duraría ese reparto?
No.
—¿Revisaron funciones?
No.
—¿Comunicaron algo claro a trabajadores y clientes?
No.
Lucía sintió irritación.
—¿Está diciendo que fue culpa mía?
Marta negó.
—Estoy diciendo que confiar en una pareja no elimina la necesidad de organizar una empresa.
Era otra frase incómoda.