—Nunca me preguntaste.
Javier habló de meses donde ella no asistía a reuniones.
De clientes que lo llamaban solo a él.
De cómo empezó a sentirse responsable de toda la parte comercial.
Después apareció Paula.
Energía nueva.
Ideas.
Disponibilidad.
Le hacía sentir que la empresa seguía avanzando.
Lucía escuchó.
Podía comprender esa parte.
Luego preguntó:
—¿Por qué necesitabas mi firma?
Javier bajó la mirada.
Ahí terminaban las explicaciones cómodas.
Porque incluso si él creía que Lucía se había alejado, sabía que seguía siendo propietaria y administradora.
Necesitaba su consentimiento.
Cuando no lo tuvo, intentó fabricar una realidad administrativa que coincidiera con la historia que llevaba meses contando.
—Tenía miedo de que bloquearas todo —dijo.
—Entonces deberías haber negociado conmigo.
—No confiaba en que fueras razonable.
Lucía casi rio.
—Así que decidiste falsificar la razonabilidad por mí.