Lucía fue a la oficina de su marido a tomar un café, sin imaginar que la nueva secretaria la abofetearía delante de todos, gritando: “¡Es mi marido!”. Pero esa bofetada fue solo el comienzo de una verdad mucho más oscura. Entre una firma falsificada, una carta de renuncia preparada a sus espaldas, una notaría en Madrid y una empresa que intentaban apoderarse, se reveló un plan secreto mucho mayor. Lucía tendría que elegir entre hundirse en la humillación o recuperar su honor, su dignidad y el control sobre todo lo que había construido a lo largo de los años.
PARTE 2
Don Esteban estudió la documentación durante dos días.
La estructura societaria daba a Lucía una posición importante: poseía el cincuenta y cinco por ciento de Montalvo Salcedo. Javier tenía el cuarenta y cinco. Ambos figuraban como administradores solidarios.