PARTE 2:
El domingo a las cinco mi sala parecía sala de juntas. Había impreso un presupuesto real con precios de Querétaro: cuna, pañales por un año, consultas, ropa. Más de setenta mil solo para empezar. Valeria llegó con Emiliano con cara de funeral. Los Ramírez, Beatriz y don Arturo, trajeron un pastel que nadie tocó.
Empecé tranquila. "No estoy para pelear. Quiero que el bebé nazca bien, pero no puedo sola. No voy a cancelar mi viaje, llevo quince años ahorrando. Puedo ayudar con tres mil al mes, acompañar a Valeria al doctor y cuidar al bebé dos tardes. Pero ustedes deben poner su parte".
Valeria bufó. "¿Dos tardes? Te necesito diario". Miré a Emiliano. "Dijiste que buscarías trabajo. ¿Cuántas solicitudes mandaste este mes?"
Se puso rojo. "Pues varias". "¿Cuántas? ¿A dónde?" Don Arturo lo fulminó. "Contesta, hijo". Bajó la cabeza. "Ninguna. No he encontrado algo que me guste".
Don Arturo golpeó la mesa. "¡Me dijiste que ya trabajabas en un taller!" Beatriz se tapó la boca. "Nos dijiste que Valeria y su mamá ya tenían todo resuelto". Ahí entendí el juego. A sus papás les decía que yo tenía todo cubierto. A nosotros que sus papás lo apoyaban.
Valeria lo defendió. "¡Ya lo van a contratar! ¡Todos contra nosotros!" Le tomé la mano. "No estamos contra ustedes. Van a ser papás. Ser papá no es subir fotos a Instagram. Es desvelarte porque no hay para leche. Si no aprenden ahora, sufrirá mi nieto".