“Mamá, vacié tus gotas en el té de mi nuevo papá para que ya no te hicieran daño”, dijo mi hija. Él llevaba una hora conectado a máquinas en cuidados intensivos y yo aún creía que todo había sido un accidente. Guardé silencio y dejé que el laboratorio analizara aquel pequeño frasco. El resultado hizo que revisaran mi testamento, mis dos años de enfermedad y hasta la muerte de mi primer esposo.

Ignacio había leído algunas de esas cartas.

Incluso le había dicho que eran “una hermosa idea”.

Ahora Elena comprendía que mientras ella escribía despedidas, él calculaba herencias.

El proceso judicial comenzó meses después.

Patricia Robles perdió su licencia médica y enfrentó cargos por participación en tentativa de homicidio, falsificación de expediente y administración deliberada de sustancias tóxicas.

Durante su declaración sostuvo que Ignacio la manipuló.

Dijo que al principio creyó que solo quería debilitar a Elena para controlar las empresas. Luego admitió que supo que el plan podía matarla.

Sobre Camila repitió una y otra vez:

—Eso fue idea de él.

Pero los mensajes demostraron que ella había preguntado qué dosis sería “suficiente para que pareciera una enfermedad infantil”.

El juez no la creyó una simple espectadora.

Ignacio enfrentó cargos aún más graves.

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