“Mamá, vacié tus gotas en el té de mi nuevo papá para que ya no te hicieran daño”, dijo mi hija. Él llevaba una hora conectado a máquinas en cuidados intensivos y yo aún creía que todo había sido un accidente. Guardé silencio y dejé que el laboratorio analizara aquel pequeño frasco. El resultado hizo que revisaran mi testamento, mis dos años de enfermedad y hasta la muerte de mi primer esposo.

Marcela levantó la vista del informe.

—Hay una cosa más.

Rodrigo sintió que la habitación se enfriaba.

—¿Cuál?

—El primer marido de Elena murió ahogado en el lago de Chapala. Ignacio estaba con él ese día.

Elena, desde la puerta, alcanzó a escuchar esa frase.

Y el grito que lanzó hizo que todo el pasillo se quedara en silencio.

PARTE 3

Elena no recordaba haber llegado hasta la oficina.

Recordaba únicamente la palabra “Chapala”.

Su primer esposo, Mauricio, había muerto dos años y medio antes durante una salida en lancha con varios socios. Dijeron que cayó al agua cuando intentó asegurar una cuerda. Ignacio había sido quien llamó a Elena. También fue quien organizó el funeral, habló con empleados, resolvió pagos pendientes y se quedó a su lado cuando ella ya no podía ni contestar el teléfono.

Durante meses, Elena pensó que le debía la vida.

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