El juicio fue largo.
Para Elena, cada audiencia era como volver a vivir el mismo día.
A veces salía furiosa; otras, vacía, incapaz de encender el auto.
Rodrigo empezó a acompañarla después de que una tarde la encontró en el hospital, esperando una revisión de rutina, mirando el piso durante casi una hora.
—No tienes que demostrar que puedes sola —le dijo.
—Durante dos años no decidí nada sola —respondió Elena—. Ignacio elegía al abogado, al notario, al médico, las inversiones, incluso cuándo Camila debía irse con la niñera.
Rodrigo se sentó a su lado.
—Entonces empieza con una cosa pequeña.
—¿Cuál?
—Elige dónde quieres tomar café.
Elena soltó una risa inesperada.
Fue la primera vez que Rodrigo la vio reír.
Después vinieron decisiones más grandes.
Elena vendió la casa de Zapopan.
Compró una casa más pequeña en Tapalpa, rodeada de pinos. Conservó un departamento en Guadalajara para la escuela, el trabajo y las consultas médicas.
Rodrigo fue primero para ayudarla con una humedad en el techo. Después volvió por unas cajas. Más tarde, Camila insistió en que “el doctor del conejo” debía ver su cuarto azul.
Un sábado se quedó a cenar. Meses después, también se quedó a dormir en la habitación de huéspedes.
Nadie dijo nada.
Hasta que Camila apareció una mañana arrastrando su conejo gris y lo dejó sobre la almohada de Rodrigo.
—Aquí va a vivir.
—¿Por qué?
—Porque se siente solo abajo.
—¿El conejo te dijo eso?
—No. Yo sé.
Rodrigo no discutió.
Un año después de aquel día en urgencias, Elena volvió por primera vez a Chapala.
Camila había pedido ver el lago donde “vivía el recuerdo de su papá Mauricio”.
Fueron los tres. Elena dejó flores cerca del muelle.
—Debí hacer más preguntas —dijo.
Rodrigo, a su lado, respondió:
—La gente que engaña bien trabaja para que las preguntas parezcan absurdas.
Elena lo miró.
—Camila sí preguntó.
A unos metros, la niña estaba agachada mirando peces.
—Camila no preguntó —dijo Rodrigo—. Camila sintió que algo estaba mal y actuó.
Elena sonrió con tristeza.
—Eso da más miedo.
—También la salvó.
La sentencia llegó en mayo.
Ignacio fue condenado por los envenenamientos y por delitos patrimoniales. El proceso por la muerte de Mauricio siguió una vía separada y añadió años después una nueva condena.