—Lucas, hay algo que debes saber sobre mi hermana.
Le di la vuelta a la fotografía.
En el reverso, alguien había escrito:
Lucas y Ellie. Verano de 2003.
Sentí que las piernas estaban a punto de fallarme.
Ellie.
Así se llamaba mi mejor amiga de la infancia.
Cuando tenía siete años, pasé casi tres meses hospitalizado debido a una enfermedad grave. Mis padres me visitaban siempre que podían, pero trabajaban muchas horas y no siempre podían quedarse conmigo.
Durante aquellas semanas tan solitarias conocí a una niña llamada Ellie.
Tenía cinco años, unos enormes ojos marrones y se reía de absolutamente todo.
Nos volvimos inseparables.
Jugábamos, compartíamos nuestros postres y nos prometimos que siempre seríamos amigos.
Una tarde, Ellie me hizo una pregunta que jamás olvidé.
—Lucas, cuando seamos mayores, ¿te casarás conmigo?
Me eché a reír.