Hizo una pausa.
—Estoy aquí porque, por primera vez en mi vida, dejé de elegir lo fácil.
Lo miré.
Daniel se acercó un poco, pero no demasiado.
—Elegí lo que era verdad.
Mi corazón latía con fuerza.
—¿Y qué es verdad?
Su respuesta llegó inmediatamente.
—Tú.
Cerré los ojos.
Habría sido más fácil si lo odiara.
Pero no lo odiaba.
Ese era el problema.
—No puedes simplemente volver y esperar que todo se arregle.
—No lo espero.
—No puedes borrar tres años.
—Lo sé.
—Y anoche no significa que volvamos a estar juntos.
—Lo sé.
Lo observé con atención.
—Entonces, ¿qué quieres?
Daniel exhaló.
—Una oportunidad para empezar desde cero.
Casi me reí.
—Estuvimos casados.
—Lo sé.
—¿Y ahora quieres salir conmigo?
—Si eso es todo lo que estás dispuesta a darme.
Por primera vez en días, algo dentro de mí se suavizó.