Me había avergonzado de mi enorme cuerpo durante toda mi vida, pero un día mi abuelo de 73 años me invitó a su piscina y me dijo: «Quítate esa ropa ancha y ponte el traje de baño. Quiero verte». Me quedé paralizada. Cuando me negué, me dijo con voz firme: «Hoy vas a hacer lo que te pido. Llevo muchísimo tiempo esperando este día». No pude contener las lágrimas…

—Porque necesito ver precisamente aquello de lo que has estado huyendo durante todos estos años.

Me quedé paralizada.

—¿Qué quieres decir?

Lo que ocurrió después, léelo en los comentarios 👇‼️👇‼️

—Hoy algo tiene que cambiar —dijo mi abuelo.

Su insistencia empezaba a molestarme.

—¿Tú también crees que hay algo malo en mi cuerpo?

Mi abuelo no respondió. Simplemente dijo en voz baja:

—Ve a cambiarte. Si decides que no quieres salir, no voy a obligarte.

Agarré mi bolso y entré al baño.

Mi traje de baño era negro y bastante discreto. Lo había comprado tres años antes, pero nunca me había atrevido a usarlo delante de nadie.

Cuando me lo puse y me miré al espejo, los ojos se me llenaron de lágrimas.

Sentía que todo quedaba demasiado expuesto.

Mi barriga. Mis muslos. Mis brazos.

Inmediatamente me envolví en una toalla.

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