Había comenzado mucho antes, cuando una familia decidió que el dinero justificaba secretos, y cuando quienes tenían miedo aprendieron a sobrevivir callando o poniéndose del lado del más fuerte.
Julián había pensado que podía convertir la muerte de Valeria en 25 millones de pesos, conservar la compañía y quedarse con una vida que nunca había construido.
Graciela había pensado que podía repetir una solución que años atrás nadie se atrevió a cuestionar.
Abril había pensado que mantenerse cerca de su hermano siempre sería más seguro que enfrentarlo.
Y Valeria había pensado que, por una sola noche, podía usar la crueldad de otra persona sin convertirse también en parte del daño.
Ninguna de esas ideas sobrevivió a la caída.
Tiempo después, cuando Valeria regresó a casa con su bebé, pasó frente a la escalera sin detenerse.