Su abogada no celebró.
Solo le recordó que la propiedad de la casa, la compañía y las cuentas principales seguía documentada a nombre de Valeria desde antes del matrimonio, y que podía retirar de inmediato los accesos administrativos que ella misma había concedido a Julián.
Valeria autorizó únicamente eso.
No tocó cuentas personales de otros.
No intentó castigar a Abril mientras estaba hospitalizada.
No hizo movimientos para borrar sus propias decisiones de aquella madrugada.
Julián dejó de ser director de hecho en cuanto sus accesos fueron retirados y las personas responsables de las cuentas corporativas recibieron la instrucción de no aceptar operaciones firmadas por él.
Las tarjetas que Abril había usado durante años también quedaron bloqueadas porque pertenecían a la empresa.
Ese detalle provocó una conversación que Valeria no esperaba.
Dos días después, Abril pidió verla.
Tenía el rostro cansado y cada movimiento le costaba, pero estaba completamente consciente.
—Hay algo más —dijo.
Valeria se sentó frente a ella.
—Dímelo.
Abril evitó mirarla al principio.
—Yo sabía que Julián estaba haciendo trámites con tus datos.
Valeria no respondió.