Valeria llamó a su abogada desde el mismo pasillo.
No le contó una versión conveniente.
Le contó todo.
Le dijo que había visto a Graciela poner la grasa.
Le dijo que había escuchado la frase sobre los 25 millones.
Le dijo que Abril había caído.
Y también le dijo que ella misma había llamado a su cuñada sabiendo que la escalera era peligrosa.
Del otro lado hubo una pausa breve.
La abogada no intentó tranquilizarla.
—No borres nada, no muevas nada y no cambies tu relato para protegerte —le indicó—. Lo que hiciste también tendrá que explicarse.
Valeria miró a Abril mientras la sacaban de la casa.
—Lo sé.
Julián escuchó esa parte.
Y encontró su nueva defensa.
—Perfecto —dijo—. Porque aquí la única persona que mandó deliberadamente a Abril hacia esa escalera fuiste tú.
Valeria sintió miedo.
No porque la acusación fuera completamente falsa, sino porque contenía una parte verdadera.
Eso la hacía peligrosa.
—Yo voy a declarar exactamente lo que hice —respondió.
Julián sonrió con desprecio.
—A ver quién te cree después.