Daniel le besó la frente y susurró:
—Ya no te dolerá más, cariño.
Tomé su mano.
Desde aquel día, no volvimos a tener secretos en nuestro hogar.
Y siempre bañábamos juntos a Emma.
Daniel le besó la frente y susurró:
—Ya no te dolerá más, cariño.
Tomé su mano.
Desde aquel día, no volvimos a tener secretos en nuestro hogar.
Y siempre bañábamos juntos a Emma.