Mi esposo comenzó a salir con Emma varias noches a la semana.
A veces regresaban después de que oscureciera.
Siempre que les preguntaba dónde habían estado, él me daba la misma respuesta:
—Solo estábamos arreglando unos asuntos.
Una tarde, mientras recogía la ropa para lavar, encontré un papel doblado en el bolsillo de la chaqueta de Emma.
Era la confirmación de una cita en una clínica médica privada.
Su nombre aparecía impreso en la parte superior.
Debajo estaban escritas estas palabras:
«Consulta confidencial. Es obligatoria la presencia de uno de los padres o de un tutor legal».
Las manos comenzaron a temblarme.
¿Por qué mi hija estaba visitando una clínica privada con su padre?
¿Y por qué ninguno de los dos me había dicho nada?
Quise enfrentarme a mi esposo inmediatamente, pero algo me detuvo.
Primero necesitaba hablar con Emma a solas.