No podía creer lo que estaba a punto de pasar…
PARTE 2
Ricardo llegó a casa poco después de las diez de la noche.
Yo seguía sentada en la cocina.
—Mariana, déjame explicarte.
—Primero dime cuánto tiempo.
Guardó silencio.
—¿Cuánto tiempo llevas con Laura?
Se quitó lentamente el saco.
—Desde diciembre… más o menos.
Diez meses.
Diez meses entrando a nuestra casa, comiendo conmigo, preguntándome cómo estaba mientras probablemente esperaba que yo saliera para escribirle a mi esposo.
—¿El viaje a Monterrey?
Ricardo bajó la mirada.
Eso respondió todo.
—No fue planeado —murmuró—. Laura estaba pasando por un momento difícil y…
—No necesito escuchar cómo convertiste una infidelidad de diez meses en un acto de solidaridad.
Subí, guardé ropa para varios días y me fui a casa de Daniela.
Ricardo pensó que aquella noche nuestro problema era un divorcio.
No tenía idea de que unas horas antes yo ya había hablado con Ximena Torres.
Ella me hizo una advertencia inmediata:
—No vuelvas a descargar ningún documento usando tus accesos del banco. Si esto llega a juicio, los abogados de los Altavista intentarán convertirte a ti en el problema. A partir de ahora necesitamos una cadena de custodia impecable.
A la mañana siguiente envié, mediante el canal interno correspondiente, una descripción de cómo había localizado el documento durante mis funciones.
Ximena contrató de manera independiente al doctor Ernesto Salgado, perito en documentoscopía.
Cuatro días después llegó el dictamen preliminar.
La firma atribuida a mí presentaba diferencias de presión, trazos, terminaciones y formación incompatibles con una variación natural.
En palabras sencillas:
alguien había firmado por mí.
Entonces apareció el primer giro que no esperaba.
Ximena descubrió que mi firma no era necesaria únicamente como una formalidad bancaria. Años atrás, durante una reorganización patrimonial de Desarrollos Altavista, Ricardo y yo habíamos quedado relacionados legalmente con ciertas garantías de la empresa.
Mi consentimiento había permitido mover un terreno en Zapopan desde una sociedad familiar hacia otra compañía controlada por mi suegro, Arturo, y uno de sus socios.
—Mariana —me dijo Ximena—, esto ya no es solamente tu matrimonio. Si el documento se utilizó para modificar derechos sobre un inmueble y respaldar operaciones financieras, la familia tiene un problema mucho más serio.