La cápsula blanca después de cenar.
La amarilla por la mañana.
Nunca el analgésico fuerte con el estómago vacío.
Durante 8 años había aprendido cientos de detalles sobre Adrián que no conocían ni sus asistentes ni los hombres que trabajaban para su familia.
Todos sabían cómo reaccionaba cuando se enfadaba.
Yo sabía qué ocurría cuando olvidaba desayunar.
Todos conocían el poder de los Montemayor en Monterrey.
Yo sabía que Adrián no podía dormir cuando le dolía la cicatriz debajo de las costillas.
Estaba cerrando el pastillero cuando escuché su voz.
“Elena, quiero divorciarme.”
No me volví enseguida.
Ya conocía el nombre.
“¿Por Valeria?”
El silencio me respondió.
Valeria Duarte llevaba meses entrando poco a poco en nuestro matrimonio.
Su perfume en el auto.
Una copa de vino con labial en una cena donde yo no había estado.