Mi hermana me escupió delante de todos después de que su hija rompiera el brazo de mi hijo de 7 años y dijo: “Tenemos dinero para arreglar esto”. No le contesté; guardé el informe del hospital, conseguí una grabación y fui al tribunal. Ellos pensaban que podían comprar mi silencio, hasta que el juez preguntó cuál era realmente mi profesión.

—No, señoría. Mis clientes me aseguraron que sus declaraciones eran verdaderas.

Mi padre levantó la cabeza.

—Mauricio…

—Don Arturo, por favor no me diga nada más.

La alianza comenzó a romperse delante de todos.

El Ministerio Público solicitó medidas cautelares para Camila debido a la gravedad de la lesión, el riesgo de presión sobre testigos y los intentos documentados de modificar las versiones.

También informó que abriría una carpeta separada para investigar las declaraciones falsas y la posible participación de Lorena en la agresión.

El juez escuchó a ambas partes y ordenó que Camila permaneciera bajo prisión preventiva mientras avanzaba el proceso, dadas las circunstancias específicas presentadas.

Fue entonces cuando Camila comprendió que el dinero de su abuelo no podía devolverla a casa esa tarde.

—¡Mamá! —gritó cuando los agentes se acercaron—. ¡Haz algo!

Lorena se levantó desesperada.

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