—¡Fue un accidente!
El fiscal señaló la grabación.
—Eso deberá explicarlo ante la autoridad competente.
Camila comenzó a sollozar.
—¡Abuelo!
Arturo no reaccionó.
Los agentes esposaron a mi sobrina y la condujeron fuera.
No sentí satisfacción.
Solo pensé en Mateo despertando de madrugada preguntándome si su brazo volvería a funcionar como antes.
Lorena corrió hacia mí.
—Valeria, por favor.
Me aparté.
—No me toques.
—Yo no sabía que Camila iba a hacerle eso.
—Le dijiste que pusiera en su lugar a un niño de siete años.
—Estaba molesta.
—Y después me escupiste mientras Mateo estaba en el suelo con el brazo roto.
Lorena comenzó a llorar.
—Es mi hija.
La miré.
—Exactamente. Y Mateo es mi hijo.
Mi padre apareció detrás de ella.
Ya no tenía aquella postura de hombre poderoso que había dominado todas nuestras reuniones.
—Valeria, podemos solucionar esto.