Después comenzó fisioterapia.
La primera vez que intentó levantar el brazo y no pudo, se puso a llorar.
—Mamá, ¿se va a quedar así para siempre?
Me arrodillé frente a él.
—No. Va a tomar tiempo, pero vamos a trabajarlo juntos.
También empezó terapia psicológica.
Durante semanas no quiso visitar casas ajenas.
Si alguien levantaba demasiado la voz, se encogía.
Un día me preguntó:
—¿La tía Lorena me odiaba?
No supe qué responder inmediatamente.
Finalmente le dije:
—Lo que hicieron estuvo mal. Muy mal. Pero tú no provocaste nada de esto.
Él miró su cicatriz.
—Yo solo quería mi dibujo.
Aquella frase me destrozó más que cualquier sentencia.
Mientras Mateo se recuperaba, la estructura que mi familia había mantenido durante años comenzó a desmoronarse.
Mauricio Salgado dejó de representar a Camila después de declarar que sus clientes le habían proporcionado información falsa. Además, el colegio profesional correspondiente recibió una queja por la llamada en la que intentó presionarme para cambiar mi denuncia. La grabación de nuestra conversación, obtenida de forma legal porque yo había conservado el registro y los mensajes posteriores, quedó en manos de las autoridades.